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21 de agosto de 2018
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Rutas turísticas e hitos de interés

Entre Soportújar y Palmeira, después de pasar el Restaurante Los Llanos, hay un desvío justo enfrente de la Ermita del Padre Eterno; al llegar a este punto es conveniente estar muy atento, porque no hay señalización alguna. Aquí comienza un tortuoso y enigmático camino en sentido ascendente que parece no tener final. Aproximadamente a la mitad, se vuelve aún peor, con un acceso sin asfaltar, estrecho y de baches, que no impide que esté transitado por un buen número de visitantes y curiosos durante todo el año, por su proximidad con las zonas turísticas. Ya en la subida, merece la pena divisar el Barranco de Poqueira, Sierra Lújar o el Rif de Marruecos en días claros, y también es fácil encontrarse con algún parapente revoloteando el cielo. La sensación es de que no existe un punto más alto, ni aún dentro de la comarca más elevada de España y una de las más alejadas del nivel del mar de Europa.

A la entrada, un cartel ruega al viajero que se atenga al horario de visitas (de 3 a 6 de la tarde) y que deje su coche y sus ganas de hablar fuera. Un sendero de piedrecitas guía por un camino inequívoco hasta lo que era antes un cortijo abandonado y sobre el que se construyó hace 25 años la casa que alberga la sala de meditación, donde se ha sentado el Dalai Lama o el patio en el que está colgado el gong que avisa de forma sosegada a los huéspedes del inicio de los cursos.

Por el camino, se encuentra la Rueda de las Oraciones –actualmente en obras–, objeto sagrado relleno de miles de millones de mantras (sonidos) de la compasión. Si se gira en el sentido de las agujas del reloj, existe la creencia entre los budistas de que los seres de la zona recibirán bendiciones.

Siempre siguiendo el sendero marcado se halla una estupa, el monumento típico budista que simboliza el camino hacia la iluminación. Su encuadre en este cerro imponente es de gran belleza.

Todavía quedan algunos minutos hasta llegar al centro neurálgico de O Sel Ling, el lugar donde vivió el pequeño O Sel durante algunos años de su vida y que saltó a la fama en 1986 por ser el primer niño español en ser reconocido oficialmente por el budismo tibetano como la reencarnación de uno de sus lamas.

Por el camino, tan sólo se oye el tintineo de una campana y la leve sacudida del viento de los banderines de oraciones –los budistas creen que el aire las bendice–

Una treintena de cabañas, perfectamente integradas en el paisaje y alejadas unas de otras para favorecer el retiro, pueden ser alquiladas por los visitantes a un precio módico. Los huéspedes se despreocupan a partir de ese momento de todo lo que no sea meditar, como la elaboración de las principales comidas o el acercamiento de la leña en invierno. La media de 18 personas viviendo en este lugar, se dispara cuando se organizan cursos, que van desde masajes de shiatsu o yoga a los fundamentos del budismo y que se suelen impartirse una vez al mes.

Uno de los lugares preferidos es una pequeña explanada donde se divisa el Barranco de Poqueira, pero también sorprende de este bello emplazamiento el paisaje envuelto en bruma y la visión azul plata del mar a primeras horas de la mañana.